Me dio por entrar y pedir un par de palillos, para ver cómo funciona el sistema. Una amable vendedora trataba de hacerme entender que existen diferentes medidas y tipos de palillos, además depende de la lana que uno utilice para lo que se pretende tejer. Se unieron a la conversación dos abuelitas de tomo y lomo, dándome muy buenos consejos y orientando a la vendedora para que me diera lo que necesita un aprendiz de tejedor. Es toda una ciencia este oficio, y como no me quedan abuelas que me quieran hacer bufandas o calcetines para pasar el invierno, a tejer se ha dicho.Se supone que dentro de una semana podría estar armando un esperpento de bufanda...
*Imagen de la abuelilla obtenida del fiel google.
