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Sunday, July 25, 2010

Transparente

Recuerdo la primera vez que tus ojos se cruzaron con los míos, desde ese momento supe que no me sentiría igual… y puede que suene todo lo cliché posible, pero a veces incluso ese grado de algo obvio es necesario. Es extraño pensar que me sentaría a relatar cosas un poco sin sentido, sin tener claro los ánimos con los que lo hago.

Lloré un rato sin pensar el por qué lo hacía. El desahogo no parecía del todo cierto y, sin embargo, me sirvió para aclarar una que otra idea, mientras caminaba sin un rumbo fijo mirando ventanas y rejas, La música era netamente ambiental, lo que me descolocaba a ratos e insinuaba rasgos de nerviosismo en mí. Me ahogo en mis propias palabras, incluso al intentar que alguna salga de mi boca, pretendo omitir detalles que puedan parecer algo poco dignos de mencionar, no quiero dar pena y lo peor es que puede que al final, así sea. No sólo porque las penas se vuelven parte de mi vida y entiendo que puedo ahogarlas con el tiempo, pero, ¿y si aprenden a nadar? ¿Qué es lo que podría hacer con ellas? Estoy en guerra conmigo mismo por las tantas cosas que me he perdido, ardides en la vida que han obstaculizado mi felicidad.

Lo único que me queda, que me encanta, es mantener un pie en la tierra y otro en el cielo. Muchos dicen que es hasta imposible ser un soñador consciente, una persona idealista pero a la vez racional, yo simplemente me siento así, con una enorme necesidad de romper estereotipos y al menos encajar en algo realmente propio. Hasta me contentaría con saber que no ven a través de mí y que la invisibilidad que me aquejaba me ha dejado en paz, sólo para una persona, en la cual es tan fácil quedar prendado.

¿Me reconocerás? ¿Sabrás quien soy alguna vez?

Friday, March 12, 2010

Carta de ánimo para Cauquenes


Santiago, 07 de marzo de 2010


A nuestro querido Cauquenes,

La situación adversa que se vive amerita este sincero mensaje de ánimo para quienes se merecen nuestros mayores respetos y cariño. Nunca se nos pasó por la mente que la región del maule haría noticia por un hecho tan lamentable como el movimiento telúrico que se llevó consigo gran parte de las viviendas cauqueninas y que además, el agua arrasaría con localidades tan recordadas como Mariscadero, Pelluhue y Curanipe. Estuvimos incomunicados una buena cantidad de días, para finalmente poder constatar la crudeza de lo vivido por parientes y cercanos. No sólo amigos y familia están sufriendo hoy, sino que todo un país que intenta, desde la capital y alrededores, tratar de apoyar en lo posible a quienes lo han perdido todo o se encuentran al borde de alcanzar esas brutales consecuencias.


Ciertamente uno puede comprender las circunstancias en que muchos se encuentran, ponerse en el lugar del otro es lo común, pero nunca, nunca una persona puede sentir el mismo dolor o alegría que otra, los sentimientos son algo tan complejo que lo que en realidad se requiere es el simple apoyo y buena disposición de quienes pretenden ayudar: familiares y amigos, conocidos o perfectos extraños, detalles que precisamente afloran estos días.


Cauquenes de seguro se levantará como lo ha hecho siempre, en razón de poder demostrar no sólo la fuerza y tesón que tiene nuestra comunidad, de ponerse en pie y erigir aquellas casas de cuyo abrigo todos quienes han tenido la suerte de poner pie en ellas, lo han destacado. Los cauqueninos de tomo y lomo son más que eso, es una calidad humana inconmensurable y digna de la gente de la séptima región. A pesar de cualquier terremoto u ola gigante, el calor y personalidad de nuestra ciudad sale a flote.


Llena de historias, grandes personajes, forjadores de la patria y del presente que conocemos, esta ciudad, la tierra del vino, de paisajes hermosos y la gente emprendedora, dejará su marca patente en todo el mundo.

Cauquenes nunca ha sido ni será una ciudad olvidada.

Saludos fraternos y el mejor de los ánimos para todos.

Patricio Hurtado Pereira.
Cristóbal y Andrés Hurtado.

Monday, August 17, 2009

¿Y mi beso?


Mientras él pedaleaba, mis ojos estaban en conflicto por dirigir su atención a esa cálida mirada o la ciclovía. Las conversaciones intensas y el exceso de información lo tenían embelesado de mí, y a ratos un conjunto de ideas con tonalidades románticas jugaban en su cabeza. Yo sólo quería besarlo, pero la despedida terminó en un simple apretón de manos con una mirada fija y tierna. Ambos sabíamos que no tenía que haber sido de esa forma. Aun así, tomé mi bicicleta y emprendí el camino a casa alucinando con el último de los caballeros sobre la tierra.
*Imagen obtenida de google.

Wednesday, June 24, 2009

Cuando quiero que llueva...

Cuando quiero que llueva, guardo silencio por un largo rato, y listo. Siento como que nadie me mira y mientras cierro los ojos, siento gotitas de garuga que se posan en mi nariz. Ellas me entienden, no me mojan del todo, quedan ahí unos minutos y luego se desmaterializan en mi piel, dejando un gusto a poco. Trato de acariciar esas mismas gotas con mis manos, pero ya no las encuentro. Abro mis ojos, la gente que pasa alrededor me observa de manera extraña. Se fue la magia y una sensación de agorafobia me invade, tengo miedo…
Imagino una gran tormenta, que resguarde mi inseguridad y el temor a los demás, sé que no me hará daño y, aunque me mantendrá alejado durante un tiempo, la confianza llegará a partir de los nuevos primeros días de lluvia, que traerán consigo un diluvio estilográfico, para que las ideas e imágenes regresen a mí y así poder llenar de historias y anécdotas este sitio eriazo, el cual quiero reparar.



*Imagen obtenida de Google

Thursday, May 07, 2009

Carta de agradecimiento del Hijo Ilustre


A mi querida comunidad cauquenina,

La alegría que me invade estos días se hace presente a través de estas líneas, en las cuales expreso el inmenso orgullo y honor que siento al verme recordado por mi natal Cauquenes, lugar del que nunca me he olvidado. Circunstancias ajenas a mí y a todos, han constituido un claro alejamiento a lo largo de los años, mi situación de salud también ha implicado un obstáculo en mis ganas de compartir con ustedes, familia y amigos, eternos adeptos y seguidores. He estado ausente, pero aun así siguiendo los pasos del progreso, del crecimiento de mi pueblo, porque me interesa todo lo que sucede con respecto al Maule.

Al enterarme por mi gran amigo, Alejandro Medel, el que fuera mi brazo derecho y quien comunicó a mi sobrino, José Pedro Hurtado Alarcón, acerca del homenaje que se rinde a éste, su servidor, me veo envuelto de recuerdos, de lo dulce y agraz, pero que ciertamente marcaron mi existencia. Mis padres vieron en Cauquenes un lugar de tranquilidad, donde establecer su familia y además trabajar la tierra. Yo nací en la provincia del Maule, un 17 de septiembre de 1928, época de cambios y nuevos aires, tanto políticos como sociales. La convicción de ayudar a los otros siempre estuvo cerca de mí. Provengo de una familia de servidores públicos de tradición, de personas conscientes de los derechos de los demás, de las cosas simples de la vida. Algunos de ustedes tuvieron la oportunidad de ver a mi madre paseando por las calles en su cabrita y muchos conocieron la bondad y simpatía de mi hermana Texia, apreciaron el tesón de mi hermano mayor, Orlando, todo un huaso elegante; y pudieron compartir además de las grandes anécdotas de Pedro, el menor de todos, de quien sus cenizas descansan actualmente en nuestro tan querido San Luis, tesoro de la infancia, sitio de recuerdos familiares. Si bien, tuve que partir a Santiago para culminar mis cursos de humanidades en el Internado Nacional Barros Arana, como muchos otros que esperaban acceder a la Educación Superior, para volver y entregar ese nuevo aire de cambios que, en mi caso darían un vuelco total a lo que se esperaba de mí, la Universidad de Chile no me cambió. Incluso después de haber sido electo diputado, la sangre tiraba y con ello, Cauquenes y su gente se abrían al mundo. Desde los helados del Mocambo hasta el puesto de la señora Rosita del mercado, de mis muy queridos amigos y compañeros de grandes batallas, como Alfonso Quiroz, o las grandes vivencias con el mundo agrícola, del cual me siento muy orgulloso de haber ayudado; la Reforma Agraria fue de mis grandes preocupaciones, junto a Jacques Chonchol, porque en tiempos de tiranía por parte de quienes se creían los más acérrimos latifundistas, quedaba desprotegido el obrero, las personas humildes e indefensas. La ley sobre asignación familiar prenatal, para empleadas y obreras del sector privado constituyó un hito en la historia de nuestro país, mas por ser una idea visionaria que otorgó una protección que las trabajadoras chilenas antes no tenían. Gran parte de las iniciativas que fueron propuestas en el Congreso Nacional en el tiempo que ejercí como parlamentario, nacieron a partir de mis recuerdos de Cauquenes, porque uno conoce a las personas, comparte con ellas y sabe acerca de sus inquietudes, así me enseñaron mis padres y, de igual forma, es que a mis doce hijos les inculqué el amor por sus orígenes, por esta tierra del vino que me ha dado tanto…

No podría omitir en esta misiva algunas de las grandes tareas que me fueron encomendadas, como el haber sido representante del Presidente de la República, Salvador Allende, en la Celulosa de Constitución, o haber sido de gran apoyo en la CORVI, que significó otra preocupación, junto a la educación de un país que crecía acorde a los tiempos, y junto con ello el futuro de Chile se iba desarrollando en nuestros niños.

Ser hijo ilustre de la ciudad que me vio nacer y que además me dio los valores que aun llevo conmigo, los que me permitieron conocer desde a mi querido amigo, Fidel Castro, hasta poder denunciar los atentados contra los Derechos Humanos ante el mismísimo Papa Juan Pablo II, me hace sentir verdaderamente honrado. Siento que la tarea nunca termina y espero que mi legado sirva para que otros cauqueninos de tomo y lomo, emprendan una senda avocados al servicio de los demás, como lo hizo San Alberto Hurtado, de quien aprendí durante mis clases de catequesis en Talca y posteriormente compartí apoyando su causa tan noble y destacada.

Verdaderamente siento en el corazón, que las personas de Cauquenes me recuerdan con cariño, como “el diputado de los pobres” que ellos conocieron, y hasta pienso aún se escuchan por allí, entre Pelluhue y Chanco, los gritos de muchos cauqueninos patricistas, que concuerdan conmigo al sostener que esta tierra, situada en la querida región del Maule, es realmente un lugar donde todo puede suceder.


Me despido, de forma agradecida y afectuosa.

Patricio Hurtado Pereira.

Santiago, Mayo, 2009
*La imagen corresponde al momento en que tomábamos nota de las ideas que mi viejito daba para redactar este documento. Fue la mejor de las inspiraciones. *Mi sobrina, Daniela, aparece de escribana.



Saturday, April 25, 2009

Rescate 5.0

El freno de emergencia fue activado en el penúltimo vagón. Al parecer un oso de peluche cayó en el andén y todos querían tratar de impedir el trágico desenlace. Más de dos horas estuvieron los bomberos, auxiliares de metro y valerosos voluntarios que acudieron en la ayuda del pobre oso de orejas redondas, relleno de algodón y con un parche a cuadros en la panza. Los otros pasajeros y demás personas se amontonaron entre el andén y las escaleras, expectantes a que las buenas intenciones del rescate surtieran efecto. Una vez en brazos de su joven dueña, el metro de Santiago paralizó sus viajes restantes ese día, le dieron una Bip honorífica al rescatado y se decretó además que todos los osos como él tenían preferencia para usar los asientos reservados para minusválidos.

*Imagen obtenida desde este sitio

Misión Imposible

A partir de un simple paseo por el patio de la universidad, se percató de aquel objetivo. Mirándolo de reojo, se dio cuenta de que no podría ella sola acabar con tal amenaza y se vio obligada a pedir refuerzos. Resultó ser toda una congregación de las tías del aseo. Con sus armas higienizadas y la rabia conjugada a las ganas de limpiar se pusieron de acuerdo. Todo por una mancha, rebelde hasta el final. Les costó un buen rato raspar la suciedad de ese escalón, pero la misión fue cumplida.
*Tómalo como un regalo para ti, que me recordaste escribir algo. Imagen encontrada por ahí, por google.

Saturday, March 28, 2009

Rescate / Nieve a color

Rescate

El freno de emergencia fue activado en el penúltimo vagón. Al parecer un oso de peluche cayó en el andén y todos querían tratar de impedir el trágico desenlace.


Nieve a color

En la silla de ruedas observa la gente que trota o pedalea frente a él. Los fines de semana Pocuro se llena de vida. Disfruta esos colores blanco y rosado que lo cubren de a poco, al lado de una banca. Los pétalos del ciruelo en flor se vuelven una nieve suave y grata, cálida hasta que es hora de volver al hogar con los otros ancianos y una azulada enfermera suelta sus frenos y se lo lleva.



*Imagen obtenida desde google.

Friday, December 05, 2008

Con aroma a dulce vino

Hace tiempo que no venía a verte. Este espacio es tan grande que aun me pierdo un poco cada vez que cruzo la oxidada reja. Camino y mientras las imágenes llegan a mí como un collage de distintas situaciones, me siento a tu lado y espero. Me acomodo en el pasto y observo el paisaje. Sigo esperando.

Lloro un poco y recuerdo. A pesar de haber resultado coincidencia ese encuentro en la plaza, te confieso que fue el día más interesante y prometedor de mi vida. No lo podía creer, al menos el hecho de que alguien como tú leyera ese tipo de cosas y te acercaras a mí con la clara intención de entablar amistad. Al poco rato de charla surgieron esas cosas que tenemos en común, los defectos y manías de cada uno salieron a flote, junto a todos esos geniales detalles que pudimos captar; las manos gentiles, sonrisas al mismo tiempo y la capacidad de crear momentos de silencio sin tornarse incómodos. Todo eso resultó. Yo sólo quería besarte, pero al final la despedida terminó en un simple y desinteresado apretón de manos con una mirada casi fija y tierna, estática. Ambos sabíamos que no tendría que haber sido de esa forma.

En estos cinco años juntos, mis manos frías se volvieron tibias y tu compañía se volvió indispensable. El contacto de la piel no se tornó en algo esencial, mas la sensación de leer un libro en la cama, de amarse en silencio y en secreto lo era todo. Sí, fue un amor menos que perfecto, pero funcionaba. Me acostumbré a tu mala ortografía y uno que otro de tus enojos sin razón de ser, me encantaban esas idas al teatro y aquellos silencios tan anhelados por mí cuando te miraba a los ojos. Fue ese tipo de conexión lo que me hace reflexionar aquí sentado, y rescatar de entre las conversaciones intensas y el exceso de información, tus dotes de cocinero y las interminables ollas de arroz cubierto con semillas de amapolas -siempre te comenté que eran algo volátiles esas pequeñas cosas, para ti significaban detalles- , o las tardes de helado y sonrisas conjugadas con un dulce vino, Late Harvest como te gustaba decir. El aroma floral incomparable de ese pequeño almíbar marcado por tonalidades dulzonas de membrillos y damascos, te volvía loco. Me enseñaste que era para beberlo en copitas, sorbo a sorbo y con alguien muy querido. También osaste compararme con aquella bebida, por lo dulce y complejo, con un dejo a miel. En cambio, yo te imaginaba como envasado en esas bonitas y cuidadas botellas transparentes, que permitían apreciar la calidez que te caracterizaba como el mejor relleno. Resultó ideal para un último invierno, porque predominó durante nuestras cenas de noches lluviosas, hablando de todo y nada o bien, embelesados con alguna película acompañados de una buena copa.

Fue trágica tu pérdida. Ese choque se llevó cinco segundos de mi aire y el nudo que me dejó en la garganta no desaparece, sentí que se quebró tu botella y todo lo que implicabas se iba derramando en el interior de ésta. Permanecí callado un buen rato en la sala de espera, no se oía más que el sonido de las páginas cambiadas por las temblorosas manos de tu mamá, con su mirada perdida en la ventana principal sin siquiera darse vuelta para conversar conmigo. Me levanté de forma brusca y me paré frente a ella, encarándola por su parquedad, por la frialdad con que actuaba en esta situación de vida o muerte, más cercana a la muerte. Esa tarde, la luz no tocaba mi rostro lastimero sentado en aquella sala, expectante por lo que creía era mi bien constituida familia, el silencio se hizo más fuerte que cualquier palabra y con ella sentada frente mí, inmóviles esperamos y esperamos hasta el final de ese día por aquellas fatales y eventuales noticias…

Una nube de incongruencia provocó esta tormenta de reacciones y pienso en momentos tan inútiles, como cuando en el día del funeral tu madre me miró con asco y menos tuvo la decencia de saludar. Aun así me salí con la nuestra al escoger el lugar, esta preciosa mancha de césped que a ti te hubiese encantado, justo al lado de dos maitenes que nos dan sombra en verano y nos protegen de la lluvia cada invierno y las semillas de colores que adornan tu nombre y lo hacen parecer tan elegante. De vez en cuando me tienes aquí sentado, leyendo un poco de lo mismo, trazando líneas y nuevos bocetos. Sigo rayando mis cuadernos, me río fuerte y te confieso que una vez estuve a punto de tallar tu nombre y el mío en un árbol, con la fiel idea de preservar el hecho de que exististe alguna vez en este mundo.

Ganaste tal vez, porque a pesar de que te has ido te siento en el aire, con un aroma a dulce vino. Es algo parecido a una escena final, no como yo pensaba de pequeño, no imaginé que acabaría hablando solo en medio de este cementerio y relatando cosas mientras lloro, lloro un poco y sonrío como un tonto, solamente porque aun pienso que te tengo. Hoy, sentado junto a esta lápida con tu nombre grabado en ella y la sensación de tu recuerdo que se materializa sutilmente en los golpeteos de mis lágrimas, pienso ahora en todo lo que habríamos de realizar, tantas cosas quedaron en el aire e intento trazar nuevas metas. No quiero más que sentir la brisa pasar por mi rostro, no quiero una casa enorme ni toneladas de dinero. Te quiero a ti, quiero ser feliz. Entonces, sigo sentado a tu lado y espero, sigo esperándote.

Monday, July 14, 2008

Fuera de tu lista

No quise abrir la puerta. Aun cuando sabía que venías con nuestros regalos, hice lo posible porque no entraras a la casa. Mi hermana no puede más contigo, siempre lo dice como susurrando –maldito viejo éste, que me hace sufrir-. Lo dice mientras mece en sus brazos al pequeño Rubén. No entiendo por qué te fijaste en ella, teniendo un abanico tan amplio de personas, de niños que hacen el bien. Dentro de tu lista debieras de tachar a los buenos, eso creo yo. A los niños malos se les castiga, con ellos puedes hacer lo que quieras. No entiendo tampoco por que te escudas tras las faldas de mamá, que se la pasa todo el día inventando situaciones para no inculparte a ti, si acá no perteneces. Tú eras de bien lejos, donde todo se ve blanco y hay pingüinos y enanitos orejones y cosas heladas.

Me da tanta rabia cuando recuerdo que te vi la primera vez entrar por la puerta, como si nada, y luego tapaste con esa mano regordeta la boca de ella, que dormía en su cama junto a la mía. Miraste por si yo despertaba, a la vez que te movías de una forma tan extraña sobre el cuerpo de mi hermana. Estaba incómoda, tanto que a los días siguientes papá hizo que me cambiaran de habitación, para que cada uno tuviera su espacio. Mentira. Estuviste contento por ese suceso y en los meses venideros nació Rubencito. Nadie habló de ti, y pienso que papá no puso suficiente de su parte para prohibirte la entrada a nuestro hogar, más cuando su hija mayor salió perjudicada. Pienso a veces que ustedes dos están coludidos y hasta que son familiares; hablan igual, son parecidos de cuerpo y mirada. Solamente se diferencian por la gran barba que cuelga en tu mentón.

Para mí hace rato que no existías, pero aun así volviste a las andanzas, aunque no te fijaste en mí cuando descubrí esos colorados ropajes, ni las botas de cuero cuidadosamente lustradas con esas hebillas, tan brillantes que te hacen ver como un hombre intachable, risueño como cualquier abuelito…No, ya no quiero creer en ti, y tampoco quiero que mis amigos lo hagan. Pretendo estar de ahora en adelante fuera de tu lista, porque no vale nada y además no justifica lo que haces con quiénes se portan bien. Se acabaron los regalos, y las galletas con tu vaso de leche, ni pienso colgar un adorno más en el árbol, porque quiero que desaparezcas, ansío crecer y olvidarme de ti por completo.

Ten por seguro, querido viejito, que esta es mi última carta.

Friday, April 25, 2008

Encuentro fortuito de madrugada

En la tranquilidad de la noche, con el susurro del viento junto al chirriante sonido de la cadena de mi bicicleta, pedaleo bajo esa amarillenta luz que proviene del poste al final de una lejana esquina, entre gigantes de cemento, esos de color gris que parecen como hermanos mayores de las casitas a su lado.

Atento en el camino, me percato de una pequeña silueta en medio de la calle; un ratón con la mirada tiesa que apoyado sobre sus patas traseras, me observa algo atónito. Lo miro de reojo y él se toma su tiempo para volver al estado cuadrúpedo, estoy sin aliento. Camina lento, lento, salta y corre con discresión. Lo veo posarse encima de un diario abandonado en la puerta de una casa cualquiera, casi como si estuviera leyendo su noticia favorita. Busca un trozo de papel que selecciona minucioso y de un mordisco se lo lleva, cruza la calle nuevamente, me ira con esos botones negros y brillantes para luego desaparecer en la bajada del estacionamiento en un inmenso edificio.

El color amarillo de la luminaria está destiñendo con los primeros rayos del sol, el gris de aquellos gigantes de cemento comienza a diluirse con el ambiente, y yo vuelvo a lo mío; pedaleo de nuevo, obviando el destino de ese ratón.

* Para la Pauly.

Wednesday, October 03, 2007

Euforia en la calzada del cerro bajo los efectos del alcohol en una noche peculiar


La noche estrellada desde el cerro San Cristóbal. Nosotros sentados al borde de la calzada frente al jardín japonés consolando a Rodolfo por su mala relación con el papá, los ciclistas curiosos bajaban por la curva, Daniel riendo a carcajadas por efecto del alcohol y el resto tratando de callarlo sin saber qué hacer.


*Otro cuento enviado a ese concurso de las 100 palabras. Autorreferente, irónico y nostálgico *Agotadísimo esta semana, de la Finis, del Tribunal Constitucional, de casi todo... *Boté chino *I say hi to you *Imagen sacada de este Flickr

Monday, September 24, 2007

Edificación en altura


Estaba acostumbrado a caminar por las calles de mi barrio, mirar las bonitas casas y saludar a los vecinos. No me di cuenta cuando fueron reemplazadas por aquellos altos edificios de concreto. La mía fue la única que quedó intacta en toda la cuadra y yo pensaba que los vecinos ya no querían saludarme; personas nuevas miraban desde arriba cuando mi mamá tendía la ropa en el patio.


*Microcuento envíado a ese concurso de las 100 palabras.*Propicio para el exitoso cierre de la recolección de firmas en Ñuñoa.*Salimos en diario El Mercurio.*De forma orgullosa fui quien inscribió a la última persona en la hoja de inscripción número 60.*Imagen cachilupi sacada desde Flickr.

Monday, August 27, 2007

Una abuela, su nieta y la aguja

Una señora de apellido Lepe está tratando de enhebrar una aguja. Sentada en la vieja silla de mimbre no logra alcanzar su meta, pero no se enoja y llama a una de sus nietas para que la ayude. La observa silenciosa y le recuerda a como era ella cuando niña, unos rasgos étnicos que pocos en su familia heredaron, esos rostros característicos le traen nostalgia. Esa abuela pasó por uno y mil conflictos para salir adelante; hija de mineros, agredida muchas veces no desistió. De niña se consideraba como bien atenta y muy vivaz, no le pasaban gato por liebre y eso que fue anulada su oportunidad de ir al colegio -las niñas se quedan en la casa y no tienen porqué estar hueveando con los libros esos-le decía su papá. No tuvo mayores problemas para adaptarse a lo que ella misma llamaría como la carga de existencia diaria, la cuota del alma. Se ganó la vida lavando ropa y trazó importantes metas a seguir. El rostro furioso de su padre se lo llevó una noche de alcohol a destajos con el suave y mojado paso de la camanchaca. La señorita Lepe siguió con sus labores y armó una modesta típica familia.

Aprendió a leer con sus hijos y les inculcó valores que en la ciudad no se consiguen, porque la humildad y vivencias para ella resultaron como la mejor de las experiencias en aquella árida zona minera. La señora Lepe enfrentó límites y desechó barreras. Pudo presenciar a la tercera generación de su familia entrar a la Universidad, siguió impartiendo ese aplomo y cosechando los mejores frutos para quiénes compartían sus genes.

Tuvo un enemigo: la diabetes no quiso dejarla tranquila y comenzó a atacar su vista, preciado tesoro al cual le enseñó a leer para entretenerla y no perderse conversación interesante alguna, para estar a la par con los aplicados de la familia. Se mantuvo tranquila y gradualmente las imágenes se veían borrosas, los retratos familiares donde aparecía ella sentada alrededor de todos los suyos estaban destiñéndose en su retina. La abuela Lepe aceptó su ceguera pero no la idea de vivir con ella. –Ya no puedo leer, es mejor morirse-le dice a su nieta que aún intenta pasar el hilo blanco por el ojo de la aguja.

Deja su canasto costurero de lado y al tiempo que se sacude las pelusas de la falda le echa una última mirada a la foto más reciente de su familia, aún puede distinguir la regordeta y amable figura que le hace recordar a sí misma. No se inmuta o petrifica. Con un sutil gesto de la cabeza llama a su nieta y le pide la aguja, la enhebra ella sola y se acomoda nuevamente en la silla. La abuela Lepe prefiere zurcir y leer hasta quedar ciega que esperar a morir sin haber visto nada.




*Cuento dedicado a Patricia Vivanco.Gracias por todo.*Con este escrito me juego la postulación al taller de narrativa por tercera vez.*Imagen sacada de un blog donde tuve la oportunidad de leer una entrada que realmente me conmovió. http://alvarosinalba.blogspot.com

Tuesday, July 24, 2007

Ven por tu perro

No me di cuenta antes. Todo este tiempo me dejé llevar por ese cínico encanto tuyo. Sí, me pongo emocional y no tolero verte con otros porque no me has engañado con uno solo, sino que con un montón de mal nacidos. Cantando con el astronauta mientras flotaban en el espacio, cabalgando junto al vaquero en busca de malhechores o sonriéndole al tipo mudo vestidos enteramente de blanco y negro. No lo pude soportar. Lo hiciste frente a mí y me dejaste abandonado cuando más te necesité. Nunca fuiste fiel, dentro o fuera de esa gran pantalla.

Nada sacaba con enviarte flores y esas tarjetas llenas de versos, aquellas que nunca agradeciste, porque así eres y nunca das las gracias. No, no pudiste quererme de la forma en que yo lo hago…

Cuando fui a tu casa y no quisiste recibirme, llamaste a la policía para que me corrieran de ese jardín tan bien cuidado, no por tu mano seguramente, porque me consta en todas las revistas y archivos que he leído acerca tuyo que no enciendes ni el gas de la cocina para tu mamá. Tantos buenos pensamientos que he tenido hacia ti y todos esos sueños para cuando estuviéramos juntos los dos, serías Cleopatra y yo Marco Antonio, más que eso mi Diosa Afrodita y yo tu eterno servidor. Visitaría la casa de tus padres, llenaría de regalos y joyas a mi suegra y pediría tu mano en matrimonio cual príncipe en su brillante armadura, que va en busca de su bella durmiente, su Blanca Nieves y todas esas chicas tan hermosas como tú. Iría a todos esos estrenos contigo sosteniéndote del brazo y caminando por aquella alfombra roja; sí, esa bien brillante por la que tantas veces te has paseado con otros, nunca conmigo.

No tengo derecho a exigirte cosas, pero ahora que me he dado cuenta del tipo de mujer que eres y de que no hay posibilidad alguna de cambio en tu personalidad, quiero que vengas a buscar a tu perro. Me lo llevé cuando estuviste rodando esa película rara donde te tocaba hacer de alcohólica reformada y policía que al final triunfaba como actriz de cine. En realidad esa es en parte tu historia, obviando el tema policial y la rehabilitación porque ambos sabemos que no puedes irte a trabajar sin ese bajativo al desayuno. Entré por la ventana de tu cuarto como siempre, me vio y comenzó a chillar, no sé si de cariño o susto ya que luego de eso me estaba mordiendo la mano. En fin, quiero que lo vengas a buscar y te alejes de mi vida. El quiltro este no hace más que llorar y cagarse en mis zapatos, babea las fotos que tengo guardadas donde apareces tú y no me deja dormir. Bastante harto me encuentro por haberte perseguido todos estos años, interrumpir tu línea telefónica y dejarte regalos dentro de la casa cuando no estabas, todo esto sin buenos resultados. Las órdenes de restricción y las medidas cautelares se han acumulado en mi buzón hasta más no poder y el cartero ha amenazado con no dejar una sola carta si no desocupo el espacio.

Así que, ya sabes. Mientras antes termine mi pesadilla, mejor.


Saludos a tu familia y diles que, a pesar de las golpizas y de tu mamá diciéndome por teléfono que tú y yo nunca hemos tenido relación alguna, los perdono.



PD. Cuando vengas, trae todos mis peluches, y una foto autografiada para recordarte.

Saturday, June 09, 2007

Clara

Clara nació con el síndrome del superhéroe, hacía el bien sin importar lo que los demás dirían de ella. Vivía su propio mundo interno envuelta de bondad y evitaba los conflictos, pero era toda una luchadora. La sutileza de sus movimientos y el dulce tono de su voz no sirvieron para que ella encontrara el amor, tampoco tenía amigos, pero aún así en cualquier lado que visitaba era el centro de atención.

Era tan buena que daba rabia. Sus padres quisieron acabar con su amable corazón, la tildaron de ser una desadaptada y la enviaron al sanatorio. La conocí esa tarde de invierno, difícil era no enfocarla cuando se notaba como la más cuerda de todos los pacientes que allí se encontraban.

Sabía un poco de todo y trataba de ayudar, no siempre la dejaban, haciéndole creer que entorpecía los procesos, matando su autoestima de a poco. Las tardes de visita en el hospital psiquiátrico no eran especiales para ella, siempre terminaban en ásperos comentarios por parte de los suyos; que no era culpa de ellos el que la pobre Clara decidiera zarpar con esos ideales, que anduviera tan feliz por la vida, que no cualquiera ayuda a los demás porque sí. A Clara la cambiaron a la fuerza, se volvió otro robot humano, perdió su autenticidad y se apagó su sonrisa, hicieron que su barco naufragara.

Siempre se sintió extraña entre la gente, porque sabía que era distinta con su mirada ausente y tierna. Eso la alegraba. Pero las cosas ya no eran así. Sus padres la sacaron felices del sanatorio, le buscaron un trabajo normal para que rentara un departamento, comprara un refrigerador y una televisión, dejara los libros de lado, su amor por la cocina, aquellas salidas y caminatas al parque que de nada le servían para lo que tenían planeado en su futuro.

El uniforme de ejecutiva le apretaba el cuello, los temas que hablaban sus compañeros le parecían superfluos y esas sonrisas, más que cínicas mientras fumaban todos burlándose e inventando cosas acerca de su nueva colega en la oficina. Trató de encajar al tomar ese cigarro, pero luego de haberlo encendido, las sensaciones de asco y ridiculez la invadieron. Ese mismo día la pobre mujer dejó el trabajo y se dio el lujo de caminar bajo la lluvia. Con sus ropas mojadas pensaba en qué diría su madre al verla de esa forma, con los zapatos de tacón colgados al hombro llena de barro, tan libre como nunca se había sentido antes.

Clara no tuvo que decir nada esa noche, rió y dio saltos sobre los charcos, regaló su abrigo a una pareja de jóvenes que no querían mojarse, ya era la misma de antes. Revivió sus buenos momentos y se contentó con su única compañía; ella misma. Perdía la noción del tiempo y espacio, simplemente se mimetizaba con su entorno, el cuerpo de Clara se descomponía en partículas de libertad y yo llegué muy tarde a buscarla. Clara había desaparecido del mundo que la mayoría conoce, ese que la gente llama normal, aquel que la menospreciaba por ser diferente, por ser mejor. No pude hacer más que despedirme, sentado junto a la marca que ella dejó en el suelo que le sirvió de almohada, pensando en ella, mi heroína. Y así, dejó de llover y lentamente amaneció.

*No pensaba publicar otra entrada hasta la próxima semana, pero ciertamente los acontecimientos y situaciones que han transcurrido estos días, lo ameritan. Sé también que este cuento tiene algunas fallas y detalles, que lo han leído ustedes y que además entienden que representa de manera fidedigna diversos sentimientos encontrados, no sólo por parte mía.

*Las bases de Clara, fueron vivencias personales, las conversaciones con Tomás y la canción de Ana Torroja que lleva el mismo nombre, para que no crean que es un burdo plagio.

Tuesday, April 17, 2007

Carta a un hermano


A pesar de todo hermano, siempre te he querido y es ahora que puedo recordar aquellas fechas, esos acontecimientos trágicos, los que casi nos arrastran al abismo, repercutiendo más en ti que en los demás, por el hecho de ser más pequeños, de no saber que ocurría a nuestro alrededor, porque tú, siendo el mayor, nos protegiste y recibiste cada castigo, cada golpe y regaño mal intencionado, soportaste todas las iras producidas por el alcohol, todas y cada una de esas caricias malintencionadas de mi padre, porque desde el día en que llegó con mamá te miraba con otros ojos, lujuriosos y deseosos de obtener tu libertad, de alcanzar la entereza y agilidad de tus movimientos, de poseerte una y otra y otra vez para tratar de ser tú, pero no lo logró…

Mamá no dijo nada, nunca más habló desde el día en que te fuiste de casa, aquella tarde en que ella regresó temprano del trabajo, luego de estar todo el día cosechando las frutillas en el campo. Era víspera de Navidad, ¿recuerdas? La cabaña estaba adornada y mi papá había llevado un pino mediano que cortó en el bosque. Todos lo adornamos con cabritas, sobrantes de lana y piñas que recogimos en el camino de tierra, ese que estaba rodeado de todo tipo de árboles, canelos, pinos, álamos, alerces y arrayanes. Tú fuiste el único que no quería o no tenía nada por qué celebrar…

Mónica tenía tres años en ese entonces y prestó sus muñecos de trapo para armar un pesebre, Carlitos y yo estuvimos un buen rato tratando de zurcirle alas a su muñeca favorita. Recuerdo todo eso.

Tanto tiempo esperé para crecer, para vengarte de alguna forma. Ya a la edad de diecisiete no aguanté más al ver cuando esa fría y sudorosa mano se acercaba a Mónica. Lo maté. Mamá no emitió palabra alguna, me besó en la frente y desde entonces, me visita todos los días. No es muy diferente el ambiente aquí, más sombrío que de costumbre y estos barrotes que me alejan del hogar, que me alejan de ti. Solo espero verte pronto, bastante me costó conseguir tu dirección para darte las buenas nuevas.

Considérate desde ya, Libre.

Te quiere, tu hermano menor.

Wednesday, January 17, 2007

Orgásmico Trabajo

Llevaba mi segundo día en ese lugar, lleno de cabinas, teléfonos, escritorios y refrigerios…además del clima veraniego, el ambiente se pone aun más fogoso debido a cada llamada.

Algunas colegas se pintaban las uñas de los pies mientras mantenían el teléfono apoyado con sus cuellos, mostrando un rostro aburrido y sumido en la rutina, emitiendo los más creíbles e inimaginables gemidos que ni yo podía imitar aun – son gajes del oficio, mijita- me decían las otras colegas al colgar sus respectivas líneas, mientras yo observaba desde mi cubículo.

Estando poco acostumbrada a mi particular oficio, no todo me salía de forma tan espontánea, y en este ambiente eso es lo primordial para mantener el trabajo.

- Aaaaaahhhhh- yo trataba de gritar con placer, pero el resultado era todo lo contrario.

-¿Qué clase de gemido es ese? Si quiero una perna, para eso llamo a mi mujer- y cortó mi primer cliente, el cual duró menos de tres minutos al teléfono.

Sin desanimarme, durante todo el resto de ese día me dediqué a observar, imitar y anotar la técnica de mis colegas, esas que gritaban eufóricas cuando un cliente decía que les tocaba el lóbulo de la oreja o que les mordisquearía una pechuga, si ellas eran expertas, yo sería la más orgásmica de todas. Al llegar a mi departamento, con un plátano en la mano, comencé a practicar mis dotes de telefonista erótica, gritando frente al espejo. Los vecinos de arriba y abajo, golpearon mi techo y el desgastado piso flexi sonaba por los golpeteos de escoba. Hasta los del edificio de enfrente se asomaron para ver quien estaba siendo asesinada, pero eso es otro cuento.

Al día siguiente, me sentía más que lista y preparada, “el cliente siempre tiene la razón”, si dice que soy negra, la más africana de todas sería, si me quiere con acento gringo, entonces a mi gorditou lo querría con todo mi heart, eso si, flaite no…a mi no me criaron en colegio de monjas para ser flaite. Quién lo hubiese pensado, Josefa Guzmán, siempre la niñita bien y aplicada en todo, no es dueña de casa ni parvularia, trabaja en una línea caliente. En realidad no me parezco mucho físicamente a mis compañeras de trabajo, todas mayores que yo, gruesas de cuerpo y anchas de cadera, algunas ya son abuelas incluso, gente de esfuerzo y buena familia que se ganan la vida. Desde mi llegada, vieron entrar en el salón de reuniones a una pendeja blanca, delgada y de facciones delicadas, - la típica niñita cuica- escuché murmurar a un auxiliar de aseo que barría a medias y me miraba de pies a cabeza .Me hice la tonta para no crear conflicto.

En fin, llegando al trabajo y con la mayor de las disposiciones, me senté en mi cubículo, agarré el teléfono y tomé un plátano, para tener cerca a mi entrenador del día anterior y sentirme un poco más segura. Sonó el teléfono, me apresuré en contestar y un

-Hola, soy Jorge y contigo quiero hablar- salió del auricular. Una voz entre patética y apresurada, para nada romántica, al menos para mí.

-¿Quién quieres que sea? De todo, menos algo rasca, mi amor- le contesté certera.

-Poco me importa como te llames, pendeja. Yo quiero sexo, y algo para recordar.¿qué haces ahora?-preguntó con un tono poco amable.

-Devoro un plátano, Jorgito. Lentamente lo como-Dije en un tono medio sensual que ni yo me lo creía.

-Mmmm, ya entramos en calor, chiquilla. Me gustaría ver qué haces con eso-Jadeaba el pobre hombre.

-¿Por qué no me cuentas de ti, mientras yo acabo deliciosamente con esta fruta a mordiscos?-Entre lateada y aproblemada con mi plátano.

-Yo, yo, yoooh, me voy, me voooooooooy!!!-Terminaba así el diálogo del desagradable tipo. No escuché palabra alguna luego de eso.

-He dejado a un hombrecillo satisfecho-Dije en voz alta e inflando mi pecho de orgullo y aún sosteniendo el auricular en mis manos, porque la tarifa sigue en pie hasta que el cliente corte, son reglas de la empresa y un futuro aporte a mi sueldo.

-Jorgito, Jorgito... ¿Jorgito, estás ahí?- Comencé a preocuparme por no obtener respuesta a mi llamado. Estuve cerca de treinta minutos llamándolo, hasta que luego de un estruendo y un posterior silencio súbito, al otro lado del teléfono se sentían muchas voces, el sonido de la sirena de una ambulancia, opacaba lo poco que podía escuchar.

-Hola, ¿Hay alguien ahí?-Preguntaron desde el teléfono de mi cliente.

-Jorgito, mi amor-Contesté más aliviada.

-Señora, el caballero está muerto. Usted habla con el paramédico, hemos tratado de revivirlo, pero lamentablemente su marido ha fallecido-Muy acongojado me contaba la tragedia.

-¡¿Mi marido?!-Dije para mis adentros y ya bastante agitada. No tuve intención alguna de explicarle al tipo lo sucedido, que plancha más grande contarle que no estaba casada con el finado, más aun que sólo cumplía con mi trabajo y mucho menos decirle a qué me dedicaba.

-Estoy devastada, señor paramédico, me sentiré tan rara y muy sola sin él. Prometió que todos los días me llamaría por teléfono-Argumenté haciendo el gran papel de una viuda telefonista. Agradecí al ingenuo paramédico por su labor y paciencia conmigo, por tratar de hacer lo posible para revivir al mejor de mis clientes y corté el teléfono.


Friday, December 01, 2006

Tú, en mi lugar

Conocí a Edward casi por necesidad, apareció en mi vida cuando yo quería aprender inglés y por mera casualidad, él con suerte entendía castellano. Sorpresivamente nos comunicábamos de manera muy satisfactoria .Teníamos ideales en común y propios de la edad, tan parecidos y tan diferentes, lo admiraba por su valentía y entereza, él a mi por tener la capacidad de hacer reír a las personas pero, por otra parte, me sobreprotegía debido a mi gran timidez. Sólo conversaba con él, no me sentía a gusto con otras personas, compartíamos tanto, me enseñaba sus expresiones de gringo joven, y me entrenaba para imitar el siútico acento británico de su mamá. Por supuesto yo no me quedaba atrás, le hice escuchar tantos chilenismos que creo en algunos momentos quedó casi traumado, aunque se mataba de la risa y ciertamente nos divertíamos cuando le hacía decir “weón”. Crecimos juntos, de forma extraña Edward se desarrollaba más rápido que yo, su tono de voz cambiaba, y su cuerpo también. Yo me encontraba siempre menudito, con mis facciones marcadas, la distintiva nariz chata y mi piel morena. Edward se volvió mi mejor amigo, más que eso éramos una pequeña familia, todos los días me lo recordaba – Francisco, we’ll always be friends, don’t even doubt about it- Nunca le di el beneficio de la duda a esas palabras.
Aprendimos mucho el uno del otro, creando códigos propios, las travesuras más increíbles y realizables a la vez, aunque siempre lo culpaban a él de esas cosas, a mi no me tomaban mucho en cuenta sus padres y en realidad, tampoco lo cuestioné para evitar problemas.
La amistad comenzó a decaer con el tiempo, Edward me dejaba solo jugando a todo lo que solíamos hacer juntos, me pedía disculpas por no quedarse conmigo. De todas formas, ya las cosas eran muy diferentes, no me divertía con él como antes, le quedaba chico como amigo, además él ya no tenía el más mínimo interés por hacerme compañía.

Edward creció. Finalmente me quedé como el invitado silente en su habitación, sin poder emitir palabras, exigirle a sus padres o a sus nuevos amigos o novias que lo enviasen de vuelta… De a poco me fui desvaneciendo, su imagen de mi retina comenzó a desteñir. En un intento desesperado por recuperar a mi único amigo, le pregunté una última vez, qué estaba sucediendo con nosotros. – Nothing, nothing at all, my good friend- contestó de forma despreocupada. – No me vengas con webadas, Edward, mira que hace tiempo me tienes penando tu habitación, no tengo la misma sensación de amistad-. Edward calló, con la cabeza gacha se dio vuelta y me miró de una manera característica, como cuando era niño y se aburría o desilusionaba con algún juguete, ya estaba cansado de mí. Pero en esta situación todo era muy diferente, no podía quedar olvidado en un viejo baúl. –It’s time for you to leave, Francisco. I’m really sorry.- Mi mundo entero se desplomó, me di cuenta que nada más tenía a mi favor, lo tuve que dejar ir, y ni una ínfima lagrima dejé caer. Atravesó esa pieza, centro de nuestro mundo sin volver la mirada hacia atrás, quedando yo expectante, en silencio y paralizado. No hay gritos, nadie más que él me escucha, es la triste realidad de ser creado para cumplir una finalidad. Edward, mi mejor amigo, cerró la puerta y yo contemplé mi final.

*Crónica de un amigo imaginario.

Monday, October 09, 2006

Mi gato, Congoja

¿Qué pasa con todos que no responden a mi llamado? Son casi las dos de la madrugada y me siento completamente solo y abandonado por toda esa gente. ¿Qué hacer? más nada, lo hecho, hecho está. Nadie puede retroceder el tiempo y hacerme callar lo más irónico es que hasta el gato que se encontraba solo encontró pareja y me ha plantado a mi, su cuasi dueño, quien se apiadó de su alma gatuna y le ofreció un techo , comida, abrigo y algo de cariño que me quedaba disponible, pero por sobre todo, vivo. El asunto es que en mi soledad, como todo triste o independiente ermitaño, depende del nivel de angustia, debido al estado de solitud o si uno se considera realmente soli-tario, ya que todo puede tener más de un solo sentido y en diversas oportunidades es inevitable. A ese gato le di lo último que estaba vivo de mi, en un recóndito espacio de mi corazón, guardado especialmente para aquella persona que superase todas mis expectativas y aun más, se adueñase de mi , algo imposible tanto así, que ni yo me lo creo, pero bueno, así es la vida. No tengo siquiera a ese mísero gato mestizo y callejero que se vendía por su tazón de leche o la asquerosa cabeza de pescado. Solo, solo, solo... Es precisamente ahora que cuestiono todos mis actos pasados y planeo los futuros, para no repetir o simplemente para prevenir fatales situaciones. Cada revolcón en la cama indica que sí tengo miedo a fallar y , aunque eventualmente tendré que levantarme, el cómo lo haré revuelve mi cabeza, todas mis entrañas se retuercen en medio de la duda. Podría sacar algo positivo a partir de todo esto, como el hecho de que mi soltería se encuentra en su mayor apogeo, sin nadie que lo impida...ser sarcástico no me ayudará en nada, no puedo actuar de manera tan displicente. Piensa en tu gato, pero cómo hacerlo si ese felino traidor, me dejó para volver a su antigua vida de callejero devorador de aves en el parque y ladrón de pescados de antes, una escoria de gato, cualquier quiltro fiel me habría sido útil, son bastante más juguetones e inteligentes y nunca se marchan así como así, mejor visualizo lo bueno: Cuando jugaba con su bola de estambre, se acurrucaba a mi lado y maullaba dulcemente cuando necesitaba algo de cariño o para callar su antojo de pescado, siempre encontraba los molestos bicharracos que se alojaban en nuestra cocina y dormía plácidamente en su cunita, ¿cómo olvidar esos profundos ojos azul profundo, los cuales resplandecían penetrantes, protegiendo mi sueño cada noche? pero todo eso, ya pasó. Nuevamente traicionado, ¡gato de mierda!...
Mi madre decía que los animales van y vienen, además no viven mucho tiempo para permanecer contigo eternamente, así que será otro gato o un perro o un ratón, me da igual, quiero algo para mirar o simplemente para jugar. A partir de mañana me pongo en campaña.

No quiero visitas durante la semana, llamaré al trabajo y me quedaré solo en casa, hay mucho gato, rato para planear qué hacer con mi vida.

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